Por esta razón los carteros siempre tocan tu timbre

En el gremio de los carteros disponen de una lista que se conoce en el mundillo como La lista de los timbres. Se trata de una lista con todos los timbres que te abrirán la puerta en cada edificio. Para que sepan a quién timbrar.

Al principio se trataba de un cuaderno con los timbres apuntados, pero desde hace años consiste en un archivo de excel con las calles, los edificios y los timbres que abren. Así de simple:

Al poner el número del edificio en la segunda columna, automáticamente indica que el timbre que abrirá es el 2ºB.

El reto de este año es contratar a espías para monitorizar a los pecezuelos (así llaman a los que abren siempre la puerta: pecezuelos). Si un pecezuelo se muda de edificio, le seguirán y actualizarán la lista con el nuevo timbre. Si alguno de los pecezuelos fallece, llevarán a cabo un estudio empírico1 de los familiares para comprobar si alguno tiene el gen del pecezuelo.

1 El estudio consiste en timbrar 2 veces y si el familiar no abre, el gen del pecezuelo se ha perdido. Pero dejan ese timbre en stand-by unos cuantos años, por si el gen se salta una generación. (Este pie de página en medio de la página es algo chirriante).

Si en un edificio resulta que no hay pecezuelo, sucede lo más humillante  para un cartero. Tener que pasar las cartas por debajo de la puerta. Arrugar así el objeto que se debe proteger, hace que muchos de ellos digan: hasta aquí, apaga y vámonos. – y tiren la toalla2.

2 El gremio de carteros me insistió en que dejara claro que tirar la toalla es metáfora de bajarse del carro²·¹: ellos respetan todos los objetos de la tierra y son capaces de transportar cualquiera de ellos con todo el cuidado y sin tirarlo. Incluidas las toallas.

2.1 Bajarse del carro como metáfora de “dejar el trabajo”. No de bajarse del coche de correos. Eso tampoco.

En una ocasión sucedió que  el pecezuelo de un edificio era uno de los mismos carteros. No podía hacer nada, lo llevaba dentro. Cada vez que le tocaban el timbre salía intuitivamente corriendo a coger el telefonillo y sus compañeros, partidos de la risa, le decían: el cartero-pecezuelo muerde el anzuelo3.

3 No se trabajaron mucho la rima. Tampoco les culpo. Un cartero-rapero podría hundirte la vida muy facilmente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *